Es una palabra derivada del inglés watchman (vigilante) que se incorporó al habla popular en América Latina durante el siglo XX. Su uso se extendió desde zonas mineras y petroleras hasta las ciudades, convirtiéndose en un término común para referirse al personal de seguridad privada. Hoy forma parte del Diccionario de la Lengua Española y constituye un ejemplo de cómo los idiomas se enriquecen a través del contacto entre distintas culturas.