Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1929, principalmente por Los Buddenbrook, aunque en reconocimiento al conjunto de su obra, Thomas Mann desarrolló una visión estética marcada por la tensión entre el espíritu y la vida. Para él, el arte surge de la experiencia vital, pero solo es posible desde una distancia crítica e irónica.
En novelas como Doctor Fausto, esta mirada se traduce en una reflexión sobre la belleza, la decadencia y el carácter trágico del arte alemán, anticipando la crisis moral e ideológica que atravesaría Europa en el siglo XX.